Agricultura de conservación para reducir costes

Publicado el 29 de agosto del 2012 en la categoría Labores del campo

agricultura de conservación

Es complicado predecir las fluctuaciones en las cotizaciones del trigo, el maíz, la cebada… Al ser los mercados mundiales los que imponen los precios de los productos, a los agricultores no les queda más alternativa que buscar diferentes soluciones para defender la rentabilidad de sus explotaciones agrícolas, como por ejemplo con la reducción de costes.

Para conseguir maximizar los beneficios de las explotaciones, al no tener influencia por el lado de los ingresos, habrá que actuar por el lado de los costes o los gastos, reduciéndolos en todo lo posible. Una de las soluciones más radicales y que da los mejores resultados es la siembra directa, una técnica que aparece a mediados de los 90 y supone una de las técnicas más utilizadas dentro de la superficie total de cereales.

Se trata de aplicar un nuevo manejo de la tierra y sembrar sobre el rastrojo con una serie de máquinas especiales, para mantener la cubierta vegetal todo el año. Es una agricultura muy sostenible y su principal ventaja es la reducción de las horas de trabajo en un 50 %.

La siembra directa hace que se reduzcan costes a nivel laboral (mano de obra), contribuyendo a que en esos campos el aprovechamiento del agua sea mucho mejor. La mayor dificultad estaría en la formación técnica de las personas que llevan las explotaciones, ya que es un cambio radical en su filosofía, dejar de labrar y sembrar sobre rastrojos.

La aplicación práctica de la agricultura de conservación supone una disminución drástica del laboreo. Al realizar menores labores, sobre la superficie del suelo se va formando una cubierta vegetal con los restos del cultivo anterior, que en lugar de afectar negativamente al suelo, le aporta protección frente a la erosión y lo nutre de una forma natural. Además, aunque no sea apreciable a simple vista, fomenta la presencia de microorganismos y fauna, (lo cual ayuda activamente al agricultor a mejorar su cosecha).

Desde el punto de vista energético, hay una gran cantidad de estudios que constatan la rentabilidad y la viabilidad de estos sistemas de conservación frente a la agricultura convencional, llegando a alcanzar ahorros que oscilan entre el 10% y el 50%, en función de la región y del cultivo considerado. La cantidad de producto obtenido por unidad de energía empleada puede aumentar en un 10% en los casos más desfavorables y en un 100% en los casos más favorables.

Aplicar técnicas de agricultura de conservación, mejora la estructura del suelo, que unido al vegetal que permanece sobre él, hace que el uso eficiente del agua sea clave para el buen comportamiento productivo de los campos sembrados bajo agricultura de conservación. Esta técnica puede suponer un ahorro de agua de hasta el 10%. Además, se reduce de forma considerable la contaminación en aguas superficiales y subterráneas, ya que se controla hasta en un 90% el arrastre del suelo, y por tanto, los elementos contaminantes potenciales que van adheridos a él. También se disminuye el efecto invernadero por la reducción del gasto en combustible y la eliminación de la quema de rastrojos, que emiten menos CO2.

Otro beneficio importante de la agricultura de conservación es su mayor rentabilidad económica respecto a la agricultura convencional. En esta última, las labores del suelo requieren inversiones muy costosas en adquisición y mantenimiento de maquinaria agrícola, mano de obra y combustible. Así por ejemplo, con el sistema de cubiertas vegetales en cultivos extensivos se pueden ahorrar por hectárea y año, unos 35 litros de gasóleo.

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