Riego del ajo

Publicado el 7 de julio del 2015 en la categoría Tecnología del riego

riego del ajo

El riego del ajo se realiza de forma habitual por aspersión, mediante goteo o por surcos. El ritmo de aplicación depende del clima, de la edad de la plantación y del tipo de suelo. Dicho sistema de riego debe garantizar la distribución del agua de forma uniforme por toda la finca, de manera que todas las plantas satisfagan sus necesidades de agua durante el intervalo entre riegos.

Indicaciones para el riego del ajo

Inicialmente se recomiendan riegos más ligeros y frecuentes (cada 2 días). Entre los 30 y 90 días se debe regar cada 4 o 5 días, aumentando de manera progresiva el tiempo de riego. Entre los 90 y 120 días se debe regar cada siete días más o menos, con aplicaciones de dos horas. De los 120 a 140 días, tiempo en que se acerca la cosecha, se deben suspender los riegos para favorecer el secado de los bulbos.

Suspensión de riegos en el cultivo de ajo tres semanas antes de la cosecha

Es sumamente importante suspender los riegos tres semanas antes de iniciar la cosecha, con el fin de prevenir la decoloración y ruptura de las túnicas del bulbo. Un exceso de humedad cuando se aproxima la cosecha, favorece la pudrición de la cutícula externa que recubre el bulbo, provocando que éste se abra y pierda valor comercial.

Para mejorar el riego y más si se practica el fertirriego, es preciso realizar un seguimiento frecuente de la humedad del suelo en el área cultivada utilizando tensiómetros. La utilización de tensiómetros permite medir con más exactitud la humedad del suelo, que registra la tensión del agua en unidades de presión. Estimando la humedad del suelo disponible para las plantas, es fácil determinar el mejor momento para regar.

El rendimiento y la calidad del ajo dependerá de la aplicación del agua de riego (el volumen de agua aplicado y el método de aplicación) y también del espaciamiento entre plantas. Con espaciamientos muy amplios se puede lograr un máximo crecimiento y desarrollo de plantas individuales, pero el rendimiento por unidad de superficie se reduce. Con espaciamientos estrechos los rendimientos por hectárea son mayores, pero la calidad del producto es inferior.

El sabor y el olor del ajo son parámetros de calidad relacionados de manera directa con la disponibilidad nutricional (azufre, calcio, nitrógeno, selenio…), con el ambiente, con la temperatura y con el estrés hídrico al que se someta el cultivo.

En general, el rendimiento de cultivos como el ajo o la cebolla, depende de la relación entre su velocidad de crecimiento y desarrollo y de variables ambientales como: la temperatura, la duración del día o la disponibilidad de agua y nutrientes. El rendimiento del cultivo depende directamente de la cantidad de luz absorbida por sus hojas durante la producción, la eficiencia con la que la luz absorbida se convierte en sacarosa mediante la fotosíntesis y pasa a formar parte del bulbo, las pérdidas de peso debidas a la respiración y el marchitamiento una vez que se han producido los procesos fotosintéticos, y del agua y nutrientes absorbidos.

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