Leguminosas para forraje

Publicado el 7 de junio del 2018 en la categoría Producción agrícola

cultivos leguminosas

Las leguminosas de invierno para forraje más habituales son la veza, el guisante forrajero y los habines o haboncillos.
La veza y los guisantes requieren un cultivo tutor para evitar el encamado, los haboncillos de porte erecto no tienen problemas de encamado y por lo tanto no precisan de cultivo tutor. Cereales como el trigo, cebada, avena, centeno o triticale, además de producir forraje, también ejercen de tutor de la leguminosa para mitigar el encamado. Para el aprovechamiento forrajero se eligen variedades de cereal de espigado tardío para ensilarlos en la fase de desarrollo vegetativo (las espigas suelen ser rechazadas por los animales) y que resistan las enfermedades para no mermar la producción y evitar cualquier contaminación en los silos.

Leguminosas y cereal tutor

Para obtener buenas producciones conviene aportar dosis altas de semillas por hectárea, entre 120 y 150 kg/Ha. Lo habitual suele ser 2/3 de cereal (80-100 kg/Ha) con 1/3 de leguminosa (40-50 kg/Ha). Si en lugar de primar la producción se desea aumentar los niveles de proteínas, se puede mezclar 50% de cereal con 50% de leguminosa, en este caso se debería segar más temprano, antes de que la leguminosa alcance su máximo porte para evitar el encamado.

Los cereales y las leguminosas se desarrollan bien en suelos francos y franco-arenosos, mientras que se deben evitar los suelos arcillosos ya que las leguminosas no toleran las condiciones de encharcamiento. En cuanto a pH, requieren rangos de acidez media.

Siembra y abonado de las leguminosas forrajeras

La profundidad óptima de siembra es de entre 1 y 3 cms. No es recomendable la siembra a voleo ya que presenta mala germinación y merma del número de semillas por efecto de las aves. Es muy importante el buen mezclado de semillas al cargar la sembradora para garantizar una buena distribución, ya que siendo las semillas de leguminosa de mayor peso y de forma esférica, las vibraciones producidas durante el trabajo hacen que se separen de las de cereal y tiendan a caer hacia el fondo de la tolva. En cuanto a la fecha de siembra (generalmente octubre), debe conseguirse que el cultivo esté implantado para cuando llegue el periodo de lluvias y bajas temperaturas.

No son cultivos demasiado exigentes en fertilización. Se suelen sembrar en terrenos que previamente ya tuvieron maíz, por lo que tienen un nivel medio de fertilidad y se hacen aportes generosos de purín antes de la implantación del cultivo para garantizar las necesidades de fósforo y potasio. Sí es recomendable aportar entre 30 y 50 kilos de nitrógeno (100-120 kg de urea) previo al ensilado (unos 35-40 días antes), con el fin de que el cereal desarrolle más hoja (fibra) y espigue más tarde y que las leguminosas produzcan más volumen de forraje.

Para el ensilado, el punto óptimo de cosecha es cuando las leguminosas están en la fase de floración avanzada, que es el momento en el que comienza a crearse la vaina (nivel máximo de proteína) y el cereal se aproxima a la fase de comienzo de espigado. Para la siega y el hilerado se recomiendan las segadoras-acondicionadoras con agrupadores.

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