Necesidades de la planta

Publicado el 25 de agosto del 2021 en la categoría Tecnología del riego

necesidades de la planta

Si se atienden las necesidades de la planta y se nutre adecuadamente, el cultivo crece y produce unos buenos rendimientos. Y por contra, la falta de atención hídrica va a incidir negativamente en la cantidad y en la calidad de la producción. Resulta fundamental planificar y decidir sobre la dosis y la frecuencia del riego, antes y durante todo el ciclo de crecimiento del cultivo.

La programación del riego se definirá en función de la experiencia del agricultor y de su percepción sobre las relaciones hídricas entre suelo, planta y atmósfera.

La planta se fija al suelo a través de sus raíces y su parte aérea está en contacto con los factores climáticos. El suelo actúa como fuente de abastecimiento de agua alimentando a las raíces. A través del sistema vascular de la planta, hidrata los tejidos hasta llegar a las hojas que controlan el flujo de agua hacia la atmósfera. Por tanto, siempre es necesario conocer la capacidad de retención de agua en el suelo, el funcionamiento del sistema hidráulico según el tipo de planta a cultivar y la atmósfera.

El suelo es un sistema poroso que se comporta como depósito de agua y de nutrientes para la planta, cuyo volumen disponible se encuentra en un rango máximo llamado “capacidad de campo” y un mínimo que se denomina “punto de marchitez”. Este volumen disponible se compone de dos partes: una de fácil disposición y otra que requiere de un mayor esfuerzo de absorción por parte de las raíces para acceder al interior del tejido vegetal. Para precisar el riego es aconsejable instalar sensores de humedad.

La planta es el mejor indicador para el riego. Su sistema hidráulico actúa en relación directa a los efectos climáticos como la radiación solar, temperatura, humedad relativa, velocidad del viento… y en relación a la disponibilidad y características hidrodinámicas del suelo. La planta puede reducir las pérdidas de agua hacia la atmósfera de distintas formas:

  • Cerrando sus estomas.
  • Orientando sus hojas para recibir menos radiación solar.
  • Ajustando su mecanismo fisiológico a nivel celular.
  • En casos severos, incluso puede reducir parcial o totalmente sus frutos y su sistema foliar.

Precisar el riego requiere detectar el inicio de esos mecanismos de defensa de la planta para intervenir antes de que los sistemas de marchitez, caída foliar o aborto de frutos se manifiesten visiblemente.

Los factores climáticos inciden en las necesidades de la planta desde el suelo hasta las hojas en fase líquida y por evaporación o transpiración hacia la atmósfera.

Se requieren soluciones de gestión sostenibles basadas en el conocimiento para mejorar la productividad agronómica y económica del agua, la energía y los fertilizantes.

Conviene elaborar programas de riego personalizados por sector y por cultivo considerando la demanda climática, la disponibilidad de agua, la infraestructura hidráulica y el diseño del sistema de riego.
Es muy importante determinar el calendario de las actividades del agricultor y que el tiempo predefinido de programación del riego se establezca en función de su disponibilidad o de la tarifa energética más favorable.

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