Okra, hortaliza africana

Publicado el 19 de agosto del 2021 en la categoría Producción agrícola

okra

La okra (conocida a su vez con variados nombres: quimbombó, quingombó, ají turco, gumbo, gombo, algilia, angelonia o yerba de culebra) es original de África y se utiliza tanto en la gastronomía asiática como en la americana. Buscando hacerse hueco en nuevos mercados junto con la producción de hortalizas más propias de otros países que sí son demandadas por la restauración, la okra empieza a ser producida en Europa.

Es similar al pimiento, un vegetal con interesantes cualidades nutricionales que se puede comer tanto crudo como cocido, al vapor, frito o guisado y es idóneo para estofados, guisos y sopas. Además, tiene aplicaciones medicinales y de la corteza de los tallos se puede extraer una fibra textil o incluso se puede emplear para la producción de papel.

Esta especie anual de la familia de las malváceas tiene un porte erguido y un tallo central robusto que puede alcanzar una altura de entre 1,75 y 3 metros. Cuenta con hojas grandes y flores amarillas que se abren en las horas más cálidas del día. Su fruto tiene forma cónica y puede alcanzar 30 centímetros de longitud y 3,5 centímetros de diámetro en su base. Un gramo de semillas contiene aproximadamente 150 unidades.

Al ser un cultivo tropical, la okra es sensible al frío pero por lo demás, puede crecer en los mismos entornos climatológicos que el tomate o el pimiento. Crece mejor en zonas donde el verano es más largo y con unas temperaturas superiores a 20º C.

Cultivo de okra

La okra exige suelos labrados, bien drenados y con buen nivel de materia orgánica y potasio. Requiere mantener una humedad suficiente tras la siembra para favorecer la nascencia. Se deben sembrar tres semillas en cada surco o hueco de 8 a 10 centímetros de profundidad y de 30 a 60 centímetros de distancia. Cuando la planta alcanza los 8 centímetros de alto, hay que quitar las plantas más débiles y dejar solo las más fuertes en cada surco. Evitando el exceso de agua, se debe regar abundantemente tras el trasplante para garantizar el arraigo de la planta y evitar el estrés hídrico durante la floración y la formación de los frutos para aumentar la producción, pero evitando el encharcamiento de la tierra ya que propicia las enfermedades fúngicas.

Se deben eliminar las malas hierbas que puedan aparecer porque disminuyen el rendimiento de la planta y dificultan la recolección.

Con una producción de hasta 4.000 kilos por Ha, la recolección se realiza en verano: aproximadamente un 15% en julio, un 50% en agosto y el resto en el mes de septiembre. Se deben usar guantes y llevar los brazos protegidos, porque tanto los tallos como las hojas están cubiertas de pelillos urticantes similares a los de la ortiga.

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