Habas, producción y mejora de suelo

Publicado el 25 de enero del 2018 en la categoría Producción agrícola

habas

Cultivar leguminosas en invierno como almortas, guisantes, habas, alverjones, altramuces, yeros… además de aportar ingresos productivos, también genera ventajas agronómicas en lo que concierne a la fertilidad del suelo (el llamado abono verde).
Las leguminosas fijan el nitrógeno atmosférico en el suelo creando una gran despensa de fertilidad en la tierra que mejorará la siguiente cosecha de plantas de verano.

El nitrógeno enriquece los suelos y es un elemento escaso y necesario para el rendimiento de todo tipo de cultivo. Las leguminosas aumentan y fijan el nitrógeno en el terreno y su biomasa aumenta la vida microbiana del suelo.

Cultivo de habas

El cultivo de habas es muy sencillo, excepto que no toleran el agua excesiva, ni la sequía extrema, son plantas de buenas raíces y tallos cuadrados y rectos que no suelen ramificarse. El cultivo de habas es poco exigente en cuanto a la tierra que precisa, siempre que se trate de tierras hondas, frescas y abonadas.
Además la cal no les molesta, sino que incluso les va bien.

Las leguminosas en general se siembran de sazón, o lo que es lo mismo, regando o aprovechando la lluvia para preparar la tierra, no volviendo a regar hasta que las plantas hayan nacido y sólo si las lluvias de la época fueran insuficientes. Tampoco necesitan fertilización previa, pueden pasar con la que queda del cultivo anterior de verano. Como las matas de las habas se pueden hacer muy grandes, la distancia de plantación de habas no debe ser inferior a 40 centímetros entre plantas y 60 centímetros entre líneas.

En la zona mediterránea, la siembra de habas suele realizarse entre septiembre y noviembre y una vez nacidas, su crecimiento se frena con los fríos y resurge en primavera, floreciendo y dando sus frutos en abundancia de marzo a mayo. Existe una variedad de habas más tempranas llamadas “calientes”, que hacen todo el ciclo antes de los fríos y se pueden sembrar en lugares cálidos a finales de agosto y producen las vainas para finales de diciembre.

Se consumen como vainas verdes tiernas o en grano, tierno o seco y el follaje es un forraje muy apreciado para la alimentación del ganado. Su recolección según el uso, requiere coger primero las vainas tiernas, después las de grano tierno y finalmente las que se vayan a dejar para secar.

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