Fertilización en los cultivos

Publicado el 16 de abril del 2015 en la categoría Labores del campo

aplicación de fertilizantes en los cultivos

Fertilizar es aportar los nutrientes que la planta necesita para que sea plenamente productiva en cantidad y en calidad, es decir, es mejorar las carencias de micronutrientes para aumentar la rentabilidad de los cultivos. Para lograrlo, los fertilizantes deben aplicarse atendiendo a las necesidades reales de la planta, en la dosis adecuada, en el momento oportuno, y de la forma más efectiva.

Es aconsejable analizar los suelos e interpretar de forma correcta los datos que proporcionan: textura, contenido de nutrientes disponibles, pH, conductividad… También es necesario conocer las curvas de absorción (qué absorbe, cuándo y cuánto), las necesidades del tipo de cultivo, los antagonismos entre los diferentes nutrientes o las condiciones de cultivo.

Los nutrientes aportados mediante materia orgánica y restos de cosecha son útiles, pero se requiere además nutrición mineral asimilable para complementar. El objetivo de la fertilización es el buen equilibrio de nutrientes del que dependen los rendimientos agrícolas, que además debe cuidar su impacto en el entorno natural y procurar minimizar sus pérdidas: el nitrógeno por volatilización, lixiviación hacia aguas subterráneas y denitrificación, el fósforo por retrogradación y los otros nutrientes por insolubilización.

Fertilizar es una inversión y el gasto en abonado no es el mismo en todos los cultivos, en cereal por ejemplo, los costes de fertilización suponen aproximadamente el 50% de los costes totales, mientras que en cultivos intensivos representan entre el 10 y el 15%.

Fertilización

Nitrogenados y azufre

Los nitrogenados más aplicados son el nitrato amónico cálcico seguido de la urea. El primero, es una fuente eficiente de nitrógeno con menor huella de carbono a lo largo del ciclo de vida que la urea. Generalmente, en secano se aporta nitrógeno una sola vez mientras que en cultivo extensivo de regadío, el nitrógeno se distribuye en dos o tres veces.

El azufre como nutriente se utiliza para la prevención del oídio en cultivos como hortalizas, vid o frutales, tiene efectos nutricionales, es reductor del pH del suelo y moviliza los sulfatos del terreno. En suelos básicos o alcalinos con pH por encima de 7,5 se utiliza azufre para desbloquearlos. Un 60 % de la superficie de la Península Ibérica son suelos de elevado pH (superior al 8,5) y requieren de azufre en cultivos extensivos de cereal ya que su aportación garantiza un 25% de aumento de la producción de trigo en campo. El azufre actúa como reductor del pH y mejora la disponibilidad de los nutrientes para las plantas. El pH idóneo del suelo se encuentra entre el 7 y el 7,5 para que los cultivos absorban correctamente nutrientes como: zinc, cobre, magnesio y hierro.

Blendings, complejos y compuestos

Blendings son una mezcla física de minerales con diferente tamaño de grano que se distribuyen de forma irregular en el terreno, mientras que en los abonos complejos y compuestos, los nutrientes tienen el mismo tamaño de gránulo ofreciendo más regularidad en su distribución. Los complejos parten de la roca fosfatada como materia prima y aportan todo el fósforo disponible asimilable en agua, para los compuestos el fósforo puede ser totalmente disponible o no, en función de la materia prima.

En patatas, el tratamiento con fósforo, con potasio y azufre aumenta el valor biológico de la proteína y fertilizantes con zinc, boro y azufre aumentan espectacularmente los rendimientos de cultivos de secano: 345% en girasol, 240% en cacahuete, 150% en maíz o 115% en soja.

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