Cultivo de trigo

Publicado el 18 de enero del 2017 en la categoría Producción agrícola

cultivo de trigo

Entre los cereales de mayor producción como el arroz, el maíz, la avena, el sojo, etc… el trigo es el más apreciado para la alimentación humana por ser una gran fuente de calorías y proteínas.
Concretamente, el trigo blando tiene una enorme relevancia en la agricultura mundial debido a que sus harinas ricas en proteínas son apreciadas para la elaboración de pan y al ser pobres en grasas favorecen su conservación y almacenaje.

La paja de trigo puede destinarse a alimentación animal, a lechos para el ganado, a la elaboración de celulosa y cartón, como elemento aislante en la construcción, o simplemente aportarla al suelo para formar una cubierta vegetal que proteja de las heladas y mantenga mejor la humedad en el suelo de cara a la siguiente cosecha, si se está a favor de la siembra directa.

Ciclo vegetativo

En el ciclo vegetativo del trigo se diferencian claramente tres periodos:

  1. El periodo vegetativo que va desde la siembra hasta el comienzo del encañado.
  2. El periodo de reproducción desde el encañado hasta la terminación del espigado.
  3. El periodo de maduración desde el final del espigado hasta el momento de la cosecha.

El cultivo de trigo

El cultivo de trigo requiere de suelos sueltos con buen drenaje y con un pH de entre 5,5 y 7 y no soporta los terrenos arenosos o turbosos con acidez elevada. La temperatura óptima de germinación es de 20-25º C y se necesitan de 450 a 550 litros de agua para producir 1 kilo de materia seca.

En secano se precisan al menos 260 litros anuales de lluvias y que éstas se produzcan en la época de crecimiento. En los meses fríos requiere de poca humedad.

En regadío se realiza un riego abundante cuando el suelo está preparado y unos días antes de la siembra. Después, bastará con un par de riegos: uno cuando las plantas empiezan a brotar de la tierra y otro cuando empieza a formarse la caña. Como es habitual en la mayoría de los cultivos, hay que evitar el exceso de agua o el encharcamiento de las raíces (causa de podredumbre o aparición de enfermedades).

Para aumentar el rendimiento del cultivo, la fertilización tradicionalmente se ha basado en aportar como micronutrientes: nitrógeno, fósforo y potasio, dependiendo de los suelos y obteniendo una concentración adecuada a las plantas. Sin embargo, el cultivo de trigo también es altamente sensible a las deficiencias en micronutrientes como el cobre, la insuficiencia en la planta de este micronutriente podría generar pérdidas de producción.

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