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Controlar la floración, aumenta la producción

8 de febrero, 2012 en Producción agrícola

¿Cómo sabe la planta que tiene que florecer?

Aumentar la floración para obtener más frutos

Las plantas reconocen cuándo cambian las estaciones. Por un lado, sus hojas detectan la temperatura, aunque sobre todo son sensibles a los cambios de luz. Cuando el día se va alargando, saben que ha llegado el momento de hacer brotar las nuevas hojas, de la misma manera que al acortar los días deducen que hay que prepararse para el otoño. Estos avisos son una cadena de reacciones químicas que comienza en las yemas o en las hojas.

Pero, ¿cómo sabe la planta que ya es el momento de hacer brotar las flores? En 1937, ya se intuía la presencia de alguna hormona que haría esta función, a la que se bautizó como florígeno. Pero tuvieron que pasar 70 años para que se demostrara su existencia. En realidad, el florígeno es una molécula que se fabrica en las hojas cuando las condiciones ambientales son las adecuadas. Viaja al ápice o punta superior de la planta, donde está la proteína FD, y al encontrarse las dos, comienza la generación de flores. Si FT indica que ha llegado la hora de florecer, FD especifica dónde aparecerán esas flores. Para que comience la floración, ambas proteínas deben encontrarse.

En la agricultura, una de las posibilidades más atractivas de controlar la aparición y el mecanismo del florígeno es lograr que los vegetales generen un número mayor de flores, que se traducirían en un aumento considerable en la producción de fruto.

Los productores de plantas ornamentales ya consiguen que determinadas especies florezcan antes de tiempo. Con el control del florígeno se podría conseguir este resultado sin necesidad de contar con una gran infraestructura ni controlar al máximo temperatura o luz.

El hallazgo del florígeno abre la puerta a otras investigaciones. Recientes investigaciones científicas han descubierto que al cruzar una planta de tomate con mutación de la hormona que fabrica el florígeno, con otra sana, el resultado es una súper planta con una enorme producción y tomates más sabrosos.

Riego

El riego dependerá del calor, el viento… Pero hay algunos consejos. Todas los cultivos que se aprovechen por su hoja (borrajas, acelgas, lechugas…), o por su bulbo (patata, zanahorias…), es conveniente regarlas regularmente, para que la planta consiga una hoja de porte considerable. Todas las hortalizas de fruto (tomate, pimiento, pepino…), deben regarse de forma normal hasta que las plantas tengan unos 20 cm de altura (en el caso de que hayan sido sembradas) y hasta que arraiguen bien, si han sido trasplantadas en cepellón. Posteriormente sólo hay que controlar los riegos. Esta práctica hace que la planta pase sed y aumente sus raíces y su floración. Cuando cuajen los primeros frutos, se riega de manera habitual, consiguiendo así que las raíces absorban toda el agua que necesita la planta, obteniendo unos frutos sanos y turgentes, y una mayor cosecha.

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