Preparación del terreno

Publicado el 3 de agosto del 2010 en la categoría Labores del campo

La preparación del terreno condiciona el desarrollo del cultivo

Preparación profunda: para eliminar la suela de arado, favorecer la infiltración del agua (drenaje y reserva de agua) y para mejorar los intercambios gaseosos: el paso del oxígeno a la zona radicular. El apero aconsejado, arados con vertederas de áncoras rectas o curvas por el lateral.

Preparación superficial: Permite afinar el terreno, nivelarlo y controlar malas hierbas. Los equipos aconsejables, máquinas accionadas a través de la toma de fuerza del tractor.

La opción de preparación del terreno sólo superficial,  se aconseja sólo cuando no hay problemas de compactación profunda. Ésto suele darse cuando hay una rápida sucesión de cultivos. O cuando se realizan cultivos intercalados, si la capacidad de drenaje es suficiente. De esta forma se reduce el tiempo entre la cosecha y la implantación del nuevo cultivo. Es una práctica para la que se prestan bien los suelos bien estructurados, es decir, con buen contenido de humus, y los suelos arenosos.

La labor que se realiza en superficie cumple las funciones de descompactar la capa más afectada por las raíces, homogeneizar la capa más superficial del suelo, mezclar en la primera capa los residuos con el fin de facilitar la siembra o trasplante y la descomposición del residuo, nivelar el terreno y controlar las malas hierbas.

La preparación profunda genera problemas, y en el caso de ser necesaria, ésta debe hacerse con aperos que no revuelvan el suelo.

Labrar con arado de vertedera en profundidad provoca una pérdida de fertilidad debido a varios factores. Por un lado mezcla los residuos de cultivo en un volumen de tierra demasiado alto, con lo que baja el porcentaje de materia orgánica que se aporta, además conforma un terreno excesivamente blando (desestructurado). Reduce las reservas hídricas del terreno al exponer más superficie de tierra al aire. Altera el gradiente microbiológico, al cambiar la posición en que se encuentran bacterias, hongos y organismos del terreno. Además, parte de la materia orgánica queda situada a profundidades donde el ambiente reductor impide la formación de humus.

En el caso de que sea necesaria la preparación profunda, ésta debe hacerse con aperos y áncoras que no revuelvan el suelo. De esta forma se garantizan los mismos efectos positivos del arado, evitando los negativos. También son más eficaces a la hora de favorecer el drenaje profundo, y a igualdad de profundidad, requieren menos esfuerzo de tracción.

La intervención con áncoras se debe combinar con operaciones de volteo superficial del terreno sólo en algunos casos: Cuando el residuo del cultivo anterior perjudica las labores siguientes como los tratamientos o la cosecha, cuando es necesario enterrar el residuo para mantener baja la carga patógena en la superficie, a falta de rotaciones de cultivo, y cuando en un cultivo biológico es necesario contribuir a reducir el número de semillas de malas hierbas presentes en la superficie. Los aperos a utilizar son: arado, escarificadora o enterradora (de piedra).

El volteo de terreno o enterramiento del residuo debe ser superficial, entre 20 y 30 cm de profundidad.

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3 comentarios en “Preparación del terreno”

  1. Ricardo dice:

    Me parece muy buena esta página.

  2. Roxi dice:

    Me ayudó mucho esta página. Gracias.

  3. Oscar dice:

    Me ha gustado mucho el enfoque del tema.

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