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La alfalfa constituye una de las mejores opciones para la rotación de cultivos extensivos, un excelente precedente del cereal de invierno y altamente rentable.
Como planta vivaz y protectora, disminuye la erosión producida en las zonas semidesérticas y corta el ciclo de las enfermedades del trigo y la cebada.
Es uno de los cultivos más valiosos para la alimentación del ganado, tanto en pastoreo directo como en las distintas formas en que su forraje puede ser conservado. El valor de la alfalfa radica en su alto potencial de producción de materia seca, alta concentración de proteína, alta digestibilidad y un elevado potencial de consumo animal. A esto debe sumarse su alto contenido de vitaminas A, E y K o sus precursores, y de la mayoría de los minerales requeridos por el ganado productor de leche y carne, en especial calcio, potasio, magnesio y fósforo.
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