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El riego del olivo permite proteger contra el riesgo de sequía, favoreciendo la posibilidad de excelentes cosechas. Minimizar el fenómeno de la vecería, lo que permite que los árboles produzcan al mismo tiempo tanto frutos como tallos (ramas) que llegarán a tener frutos al siguiente año. Mejorar la producción en términos de cantidad y calidad, en particular permitiendo al olivo producir un máximo de flores perfectas y garantizar que maduren los frutos. Que los fertilizantes estén a disposición del olivo, diluidos en el agua de riego y aplicados de forma muy precisa, directamente en la zona radicular. Acelerar el crecimiento de las plantas jóvenes y obtener una cosecha en 5 ó 6 años a diferencia de 10 a 15 cuando se dejan por sí solas.
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