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En Vejer de la Frontera (Cádiz), José Ramón Mora Figueroa desde joven forjó su propósito de convertir en realidad el sueño dorado de varias generaciones de agricultores de la zona: desecar la laguna de la Janda y transformar sus humedales en tierras nuevas para el regadío.
Desde la certeza de la viabilidad de su empeño, se enfrentó y luchó contra toda clase de obstáculos y adversidades, y al cabo de cuatro décadas, la laguna cenagosa se convirtió en una explotación agrícola, ganadera e industrial de primer orden, cuyos niveles de eficacia, de tecnología y de productividad sólo son comparables a las mejores fincas de California.
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